domingo, 1 de agosto de 2010

Como no hay dos sin tres (?) voy a subir algo de lo que escribo, un intento por tener un hobby. Lo considero como uno de las mejores cosas que fui capaz de escribir, habla sobre los poderes de la imaginación a pesar del año de nacimiento que especifique el D.N.I., y de la capacidad de crear historia en noches de insomnio que poseo : D



De niño me despertaba sobresaltado; muchas noches soñaba con peleas con otras personas siendo ya adulto, y corría con mi madre a contarle, entre sus brazos le narraba mi sueño:

- Salía para el trabajo, llevaba traje y un portafolio, al mismo tiempo mi vecino sacaba su gato imaginario y le gritaba "ve a hacer tus necesidades, vamos", el gato se pasaba imaginariamente por el barandal de la escalera y por entre las plantas. Mi vecino le traía algo de leche, el gato tomaba su leche imaginariamente, después se lamia las patas y el resto de su cuerpo. Luego me subía al auto y me iba a mi trabajo y se volvía todo blanco, y de repente regresaba. Era tarde ya y desde el auto veía otra vez a mi vecino. Abría la puerta de su casa y el gato imaginariamente ronroneaba y se frotaba contra sus piernas, él le acariciaba la cabeza y sonreía. Entraba a su casa y cerraba la puerta y yo a través de su ventana, veía como su gato lo miraba con cierta ternura imaginaria y mi vecino se sentía acompañado. Bajaba del auto medio atónito y en el trayecto hasta mi puerta imaginaba que el gato seria negro; algunas personas se asustan cuando ven pasar un gato negro.

Después de cenar me acostaba y recordaba que una vez aquel gato se perdió, mi vecino estuvo una semana buscándolo; cualquier gato atropellado que veía imaginaba que era el suyo, hasta que imagino que solo estaba atrapado en el árbol, y todo volvió a ser como antes. Por un tiempo; el suficiente para que mi vecino imaginara que el gato lo había arañado; lo castigo y lo dejo sin leche. Yo me imaginaba el gato rascándome la puerta para que lo alimentase, entonces le abrí la puerta para convidarle un poco de leche, pero el gato entro a mi casa. Desde ese día mi vecino no me habla, porque imagina que yo me robe a su gato.-

Después de contarle la historia a mi madre ya estaba mejor así que la recostaba en su cama, la tapaba, le daba un beso, y me iba dormir a mi habitación.

Tomás Schoeffler


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