
De niño me despertaba sobresaltado; muchas noches soñaba con peleas con otras personas siendo ya adulto, y corría con mi madre a contarle, entre sus brazos le narraba mi sueño:
- Salía para el trabajo, llevaba traje y un portafolio, al mismo tiempo mi vecino sacaba su gato imaginario y le gritaba "ve a hacer tus necesidades, vamos", el gato se pasaba imaginariamente por el barandal de la escalera y por entre las plantas. Mi vecino le traía algo de leche, el gato tomaba su leche imaginariamente, después se lamia las patas y el resto de su cuerpo. Luego me subía al auto y me iba a mi trabajo y se volvía todo blanco, y de repente regresaba. Era tarde ya y desde el auto veía otra vez a mi vecino. Abría la puerta de su casa y el gato imaginariamente ronroneaba y se frotaba contra sus piernas, él le acariciaba la cabeza y sonreía. Entraba a su casa y cerraba la puerta y yo a través de su ventana, veía como su gato lo miraba con cierta ternura imaginaria y mi vecino se sentía acompañado. Bajaba del auto medio atónito y en el trayecto hasta mi puerta imaginaba que el gato seria negro; algunas personas se asustan cuando ven pasar un gato negro.
Después de cenar me acostaba y recordaba que una vez aquel gato se perdió, mi vecino estuvo una semana buscándolo; cualquier gato atropellado que veía imaginaba que era el suyo, hasta que imagino que solo estaba atrapado en el árbol, y todo volvió a ser como antes. Por un tiempo; el suficiente para que mi vecino imaginara que el gato lo había arañado; lo castigo y lo dejo sin leche. Yo me imaginaba el gato rascándome la puerta para que lo alimentase, entonces le abrí la puerta para convidarle un poco de leche, pero el gato entro a mi casa. Desde ese día mi vecino no me habla, porque imagina que yo me robe a su gato.-
Después de contarle la historia a mi madre ya estaba mejor así que la recostaba en su cama, la tapaba, le daba un beso, y me iba dormir a mi habitación.
Tomás Schoeffler
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